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Fármaco cuenta la experiencia de la autora con la depresión. Una depresión que va tomando diversas formas a través de acertadas metáforas; por ejemplo, la depresión para Almudena Sánchez es una flecha clavada, “una depresión es una flecha clavada, ¿dónde? Pues en ninguna parte, ojalá hubiera un sitio. Una radiografía. Una analítica. Un bulto. Es una flecha clavada en ti, que no se ve. Se va oxidando y yo con la obligación de solidificar la nada”. La desubicación, la falta de concreción, la inespecificidad de la enfermedad, la ausencia de un objetivo, de algo sobre lo que actuar, proceder, luchar… diría que es la mayor putada de la depresión. De hecho, hay un momento del relato en el que la autora echa en falta cicatrices, “me estoy curando y no tengo cicatriz para demostrar que he pasado por algo atroz”. Hay una pintada en Salamanca que dice “quien no tiene memoria, necesita cicatrices” y, aun sin cicatrices, Almudena Sánchez tiene memoria y una voz propia que convierte a la depresión en un elemento autobiográfico y literario tan potente como visual, todo mérito de su prosa arrolladora y de un lenguaje directo, fluido, ágil, que entra solo.
