Es la quinta novela de Onetti. La crítica la sitúa como una de las novelas de sus años de madurez, inmediatamente posterior a su novela consagratoria, La vida breve (1950), y la caracteriza habitualmente como un magnífico relato en primera persona en el cual el narrador está lejos de ser omnisciente.

Pero ¿dan cuenta estos datos, sin dudas verdaderos, de la vívida impresión?