Beatriz Guido mostró siempre, hasta su muerte en 1988, en Madrid, un modo de pensar la escritura en un sentido técnico, hasta el punto de sacar en 1977 un libro por demás particular llamado ¿Quién le teme a mis temas?, en donde organiza su producción hasta el momento con correspondencia, críticas y reseñas según un índice de los asuntos recurrentes en sus textos: “Los niños”, “Las muertes”, “Las fantasías”, “No fornicar”, etc. Ese tipo de relación autoconsciente con la escritura marcaba su verdadero punto de interés: el artificio, ante todo, por sobre la prosa de la realidad.