Duras recoge los textos utilizados para rodar tres cortos sobre su persona, en los que habla del oficio de escribir. La autora explica dónde escribe, el lugar físico (su casa, generalmente) y el ambiente que necesita para ello. Sobre todo, habla del silencio, de la paz que precisa para escuchar sus pensamientos y poder plasmarlos sobre el papel.

Pero también habla de los acontecimientos vividos que marcan, como no podía ser de otra manera, su escritura: sus amantes, la política, el alcohol, su marido, los hijos... todo lo que la rodea es fuente y objeto de escritura, todo forma parte de ese "escribir" que marca su vida y todo aquello con lo que se relaciona.

Duras utiliza para ello una prosa sin artificios, directa, que sin embargo nos atrapa y nos guía a través de sus reflexiones, en las que confiesa que ni ella misma sabe cómo nace un libro. Para la autora, la acción de escribir es algo que va más allá de toda racionalidad, es una contradicción, un sinsentido, una incógnita, una enfermedad que sólo se cura escribiendo. Como afirma en esta obra, La escritura es lo desconocido. Antes de escribir no sabemos nada de lo que vamos a escribir.