El Libro de los Muertos es el texto funerario egipcio más conocido. En sus casi 190 fórmulas y letanías se recogen los medios que el difunto debía disponer para evitar los contratiempos del camino y alcanzar con éxito el reino de Osiris en el Más Allá.

Su enorme difusión ya en época faraónica ha hecho que hoy consideremos al Libro de los Muertos como el texto religioso egipcio más importante. Realmente no fue así, el Libro del Amduat le supera en muchos aspectos (en ocasiones se colocaban juntos al lado del difunto), aunque sí es cierto que el texto en el que aquí nos detenemos cuenta con una serie de elementos que lo hicieron muy popular desde que aparecieron las primeras versiones, allá por el comienzo de la XVIII dinastía, hasta prácticamente el final de la época grecorromana.

Según versiones y recopilaciones, el Libro de los Muertos recoge 189 fórmulas o letanías que ayudaban al difunto a alcanzar el reino de Osiris, Rostau. Todas ellas empiezan con la frase “Fórmula para…” seguida del texto mágico que debía de ser declamado por el difunto para pasar una puerta, conocer el nombre de un guardián, la descripción de un lugar laberíntico, etcétera.

Sin perder de vista la finalidad original del documento -ser una herramienta para ayudar al difunto en su viaje por el Más Allá-, en algunos períodos se fueron añadiendo o retocando diferentes fórmulas o himnos a divinidades solares. Ésta es la razón por la que sea realmente complicado para los especialistas resolver el problema de dónde está el principio y el final de las fórmulas, si es que podemos hablar de un comienzo y un final.